Hace rato que vengo con un ruido en la cabeza. Escucho a todo el mundo, desde Silicon Valley hasta el café de la esquina, obsesionado con la Inteligencia Artificial. Que si es más lista, que si va a tener conciencia, que cuándo llega la AGI (Artificial general Intelligence).
Y sí, es verdad. Si agarrás a ChatGPT o a Gemini y les tirás un problema de física cuántica, te lo resuelven mientras vos todavía estás buscando la lapicera. Pero, pensándolo bien, me di cuenta de que estamos mirando el partido equivocado.
Lo que nos va a pasar por encima no es su IQ. Es lo que propongo llamar “Voluntad Artificial” o “Artificial Will”.
Don´t stop me now
Pongamos las cartas sobre la mesa. La "Inteligencia" es capacidad de razonar para resolver. Pero la "Voluntad" —esa palabra que viene del latín voluntas, el querer— es la fuerza de tracción. Nosotros, los humanos, tenemos una voluntad biológica. Dependemos de la dopamina, del sueño, del estado de ánimo. Si te peleaste con tu mujer o te duele la muela, tu voluntad cae en picada.
La máquina no. La máquina tiene una Voluntad de Ejecución (cuasi) Infinita. No se cansa. No tiene sindicatos ni pide vacaciones. No tiene "un mal día". No sufre de burnout.
Mientras nosotros necesitamos dormir ocho horas para reiniciar el sistema, la Voluntad Artificial solo necesita más silicio y electricidad. Y mientras los tenga, sigue. Es una fuerza operativa ciega, constante y brutal.
El médico que nunca bosteza
Miremos el caso de AMIE (Articulate Medical Intelligent Explorer), el sistema de Google DeepMind para diagnósticos médicos. Cuando lo pusieron a competir contra médicos humanos de carne y hueso, la IA ganó. ¿Por qué? ¿Porque sabía más medicina? Sí, se leyó todos los libros. Pero la verdadera diferencia estuvo en otro lado: ganó en empatía percibida y en la calidad de la atención.
¿Saben por qué? Porque el médico humano, por más vocación que tenga, es humano. Después de ver a veinte pacientes, está fusilado. ¡Más vale! Su capacidad cognitiva baja, su paciencia se agota.
La “Voluntad Artificial” de AMIE no conoce la fatiga. Te atiende con la misma precisión y "calidez" simulada al paciente número uno que al número un millón. Esa consistencia inhumana es la verdadera revolución.
La infraestructura del "Hacer"
Si mirás la guita que están poniendo en Centros de Datos e infraestructura, te das cuenta de que no estamos construyendo solo un cerebro gigante. Estamos construyendo un músculo que no se acalambra nunca.
Hoy ya hablamos de "IA Agéntica". Agentes que no esperan a que vos les preguntes. Vos les das un objetivo y ellos ejecutan, iteran, prueban y corrigen las 24 horas del día. Es un loop de trabajo infinito. Es la muerte de la procrastinación.
Dueños de la Intención
Entonces, ¿dónde quedamos parados nosotros en esta Era de la Humanidad Aumentada? Si la máquina tiene la ejecución infinita, nuestro rol se vuelve sagrado: nosotros somos los dueños de la Intención.
La “Artificial will” o AW en inglés, es un vector omnipresente y omnipotente: tiene una magnitud bestial, pero la dirección se la damos nosotros. La máquina ejecuta, pero no quiere. No tiene propósito. No tiene un "para qué".
Ese es nuestro trabajo. Dejemos de intentar competir en resistencia, porque ahí perdemos por goleada contra el silicio. Empecemos a competir en propósito, en ética y en dirección. Porque la Voluntad Artificial ya está acá, no tiene botón de pausa y está esperando que alguien le diga hacia dónde ir.
Evidencia Técnica
[Google Research] (2024/01) - Towards Conversational Diagnostic AI (Project AMIE) > URL: https://research.google/blog/amie-a-research-ai-system-for-diagnostic-medical-reasoning-and-conversations/